Ya se había acabado el café, el irse de aquel bar era solo
cuestión de minutos. Se echó la mano al bolsillo para pagar, cuando recordó que
había salido de su piso de forma impulsiva y no había caído en coger dinero
para posibles gastos.
Ahora dos cuestiones abordaban su cabeza. La primera era la
más fácil de solucionar, “¿qué iba a hacer sin dinero en aquel bar?” La segunda
tenía más miga, “¿debería volver a casa y pensar mejor las cosas?”
¡Y sí que tenía más miga! Si iba a casa tendría que rendirle
cuentas a su antiguo yo, enfrentarse a todos los recuerdos que fue acumulando
en aquel piso pequeño pero bien dispuesto. Y por no hablar de encontrarse a
conocidos por la calle…
“Cómo empezar una nueva vida, si no paras de encontrar
retales de la antigua” Pensó para sí
misma.
Demasiados pensamientos de nuevo, se frotaba la frente con
la mano mientras debatía con ella misma cual sería el camino a tomar ahora… El
siguiente paso podría ser decisivo… pero también todos podrían serlo.
Se levantó tranquilamente del taburete del bar, y tomó el
camino a la puerta. Cuando ya estaba en la calle, oyó unos gritos. No podía
permitirse el lujo de comprobar si eran los del camarero exigiendo el euro y
poco más que le debía. Corrió con todas
las fuerzas que pudo sacar. Era emocionante, casi nunca había hecho algo
parecido, esquivar a la gente huyendo de un malhumorado trabajador.
Sus piernas parecían ir solas, su ropa se movía al ritmo que
merecía la ocasión como si todos los engranajes estuvieran en su sitio y
supieran qué hacer de antemano.
De repente, oyó otra voz que gritaba.
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